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Chema Brown

Msn: chemabrownuo@hotmail.com


Otros pjs:
Chemandrigan, Valtimor, Rocky Balboa

Habilidades:
Caballero del Honor uno de ellos, Un gran artesano otro, Un alkimista domador de animales, y un Escriba Mago.
Caía la noche, una noche oscura, espesa, impenetrable, el ruido del agua cayendo en los charcos y los horrendos truenos que a veces sonaban era lo único que se escuchaba en aquel paisaje abrumador, en una ciudad llamada Akilandrya, en los bajos subterraneos de la iglesia de la ciudad, el aire helado soplaba el fuego de las antorchas, y el tenebre ruido del viento, combinado con el sonido de tormenta, hacia que a las personas allí reunidas, en aquel viejo sotano subterráneo, se le helara la sangre en las venas. Se habían oido rumores de que algo extraño iba a suceder esa noche, unos decían que algo siniestro, escalorfriante, estaba a punto de suceder, otros pensaban que por fin llegaría el heroe que todos esperaban, para liberarlos de la tinieblas, en las que estaban viviendo. En la sala oscura, alumbradas solamente con antorchas, se encontraba Shilkiana, a punto de dar a luz, Khylator su marido, un sacerdote, y 3 monjas, orando a su Dios que les librara de aquel mundo infernal. De pronto, Shilkiana empezo a tener contracciones muy fuertes, con un terrible dolor en sus entrañas, Khylator acudio presto a cojerla de la mano, y tranquilizarla, las 3 monjas, prepararon los utensilios necesarios para el parto, que tenían bien preparados y limpios, cerca del lecho donde se encontraba Shilkiana, y el sacerdote comenzo una oración en un idioma extraño que ninguno de los prsentes conocia, mirando hacia arriba hacia la oscuridad que entraba por los barrotes en un ventanuco situado en lo alto de la lugubre estancia. De pronto, según acababan de nacer el niño, una luz de un brillo y una belleza extraordinaria ilumino la estancía, y a lo lejos en el fondo de aquella luz, se veia una figura, que les decia “este niño que acaba de nacer, esta bendecido con el don de los Dioses, criarle como a un hijo más, no le reveleis nunca su don, el solo sabrá lo que es llegado su momento, y cual es su destino, instruirle en el difícil oficio de las armas, y una vez este preparado, esta luz que veis, y este paisaje (de pronto aparecio un paisaje explendido, lleno de arboles verdes y altisimos, lagos, aves, montañas, un sol radiante y vivo iluminaba todo) que veis, volverá otra vez a las Tierras de Sosaria.”. Dicho esto, la luz se retiro, y volvió de nuevo la penumbra.
De pronto, se empezaron a oir primero lejos, y después cada vez más cerca, cascos e caballos a galope, se oían acercarse cada vez más y más, y voces a lo lejos, y después tambien más cerca, buscad al niño, buscad al niño y matarlo, no debe sobrevivir. Khylator cojio su armadura y su maza, viendo que buscaban a su hijo, y se preparo para la batalla, oyo como irrumpian en la iglesia aque ejercito de asesinos, con sus armaduras negras y casco rojo, y nada le importo, solo defender la vida de su mujer y su hijo, se lanzo escaleras arriba, y empezo el combate, uno a uno fueron cayendo los asesinos, destrozados por su fuerte maza y su gran habilidad en combate, uno tras otro, el se sentía cada vez más cansado, agotado por la batalla, solo le mantenía en pie aquella fuerza, que sentía desde dentro de si mismo, y que le animaba a seguir, seguian cayendo enemigos, pero parecía que nunca se acababan, hasta que de pronto, después de haber partido en dos de un golpe a uno de ellos, una lanza traicionera le atraveso el costado, y cayó herido de muerte, logro llegar hasta las escaleras del subeterraneo, y con voz susurrante, casi con sus ultimas fuerzas, le djo a una de las monjas, “Coger a mi hijo, y llevarle rapido por los tuneles al santuario de los caballeros blancos, entregazles mi amuleto, y sabrán que es hijo mío y se harán cargo de el”, dicho esto, cayo muerto, la monja corrió, cojio al niño entre sus brazos, y se fue, mirando a la madre, con ojos llorosos, diciendo, lo siento, lo siento, y salio corriendo por los tuneles, corria y corria hasta que logro despistar a la horda de asesinos. Al sacerdote, las otras dos monjas y Shilkiana, los asesinaron. Y la monja logro llegar conmigo, al santuario de los Caballeros Blancos, entregando a su lider el amuleto que le entrego mi padre, le conto en privado lo acontecido, me dejo y marcho llorando, a pedir a su Dios que acabara aquella ola de terror.

Creci entre armas, armaduras, fraguas, entrenamiento y muy buenos maestros de armas y magia, me enseñaron el arte de la lucha con maza, a defenderme bien con el escudo, a curarme, a utilizar las fuerzas magicas para la batalla, y cuando estaba medio preparado, party en busca de mis primeras aventuras, sentía en mi interior una fuerza indescriptible, que no habia sentido estando con nadie, y a nadie habia percibido la misma sensación, luche primero con animales salvajes, para poder comer, no por placer, tale arboles y arboles, para poder vender la leña en las aldeas y poder permitirme alguna que otra noche, dormir en alguna posada y no al aire libre. No tenía dinero, no tenía bienes, pero me sentía libre, después de muchas lunas, regrese al Santuario de los Caballeros Blancos, y me encontre aquel maravilloso lugar, plagado de cadáveres, algunos de mis mejores amigos y maestros habian muerto, otros habian huido y jamás se supo de ellos, se veian tambien caballeros con armadura negra y cascos rojos, muertos, el combate habia sido duro, de pronto un gemido llamo mi atención, era mi maestro y amigo Idhaor, moribundo en el suelo, con una espada clavada en su vientre, me susurro las siguientes palabras que aun no he logrado descifrar “busca la fuerza que llevas dentro y cambia su poder para que vuelva a ser como antes”.

Con esas palabras resonando en mis oidos, distante, abstraido en mis pensamientos que no lograban descifrar el significado de aquellas palabras, parti en busca de la nada, porque nada buscaba, todo era confuso, sentia un dolor inmenso en mi corazón, por la perdida de mis compañeros, aliviado por aquella extraordinaria fuerza que sentia en mi interior. Con mi pequeña habilidad como guerrero y el poco conocimiento que tenia de la vida, cabalgue noche y dia sin descanso, recorriendo los vastos montes y los oscuros bosques del reino de sosaria, sin encontrar nada, nada, nada. Llegue a una ciudad llamada Britain, con mi ropa hecha harapos, mis armas oxidadas, mi bolsa vacia, y mi estomago que rugia por un buen plato de sopa, solo aquella fuerza me mantenía con vida, divagaban mis pensamientos, vague varios días por aquella extraña ciudad en la que veía a la gente vender cosas por mucha cantidad de dinero, algunos hablaban de asesinos que les robaban y malherían al salir de las ciudades, otros de la casa que se habían comprado aquí y alla, pude haber echo lo que alguna persona con mal corazón habría echo, que era robar a aquella gente, para ir subsistiendo, pero algo interior me impedía hacerlos, sobrevivi días a base de comer ratas cocinadas en una hoguera, que cazaba a pedradas en las alcantarillas, matando algun que otro ciervo para comer su carne y vender sus pieles, y poder pasar alguna noche en la posada, así pasaron meses, mi estado era lamentable, estaba flaco, vestía harapos, solo llevaba de valor, aque amuleto que mi maestro decía que perteneció a mi padre.

Un buen día, entro en Britain, un caballero llevando en su escudo la siguiente insignia “SpS”, vestia armadura reluciente, buena espada, estaba afeitado y muy cortésmente me respondió al darle los buenos días, de pronto, senti en mi corazón, dolido de tanta hambruna, batalla y con falta de sentido, aquella extraordinaría fuerza de nuevo, la fuerza iluminaba mi rostro, pero no porque surgiera de mi solo, surgia tambien de aquel caballero, y sin dudarlo le pedi por favor que querría más que nada en este mundo, formar parte del emblema que llevaba en su escudo, el me miro fijamente a los ojos y me dijo, “Dura es nuestra afrenta, luchamos contra los caballeros de casco rojo, lo único que te prometo es amistad, honor, compañerismo y enseñarte mi conocimiento, no te preocupes por lo que sabes que supongo será poco, has sido bendecido con la fuerza que todos llevamos, la veo en tu interior, todos te ayudaremos a mejorar y sentirte cada día más vivo, para que algún día podamos vencer juntos a las fuerzas del mal, y vuelva a brillar la luz en los corazones de los hombres”. Dicho esto, me llevo a su sede y me presento al resto de caballeros y magos SpS, los cuales me acogieron como si fuera un hermano. Hasta el día de hoy he estado y seguire formando parte de este Glorioso clan de Caballeros, haciendo que sus enseñanzas continuen por los siglos de los siglos, y algún día vuelva a reinar la paz en este mundo.

No recuerdo muy bien lo que ocurrio al entrar en Sosaria, por lo que no puedo describirlo,
pero de repente me encontre en un callejon oscuro, solo, y perdido. Llevaba un
pequeño zurron con un poco de comida y una espada como equipaje.. buscaba a los SpS