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AkaraWind

Msn: AkaraWind@hotmail.com



Habilidades:
Preparandose para ser una poderosa Hechicera
Ya he perdido la cuenta de las veces que aquel recuerdo atormentaba mis sueños y me despertaba temblando, empapada en sudor. Aquella mañana de verano, como siempre, observaba enfurecida a mi hermano mayor mientras soñaba con ser un valiente guerrero como nuestro padre. Yo también quería luchar, quería empuñar una espada y matar al enemigo. Mi hermano, Heart, siempre se burlaba de mi, cada vez que el peso de su espada de madera me vencía y perdía el equilibrio. Entonces mi madre salía de la casa y me llamaba a su lado.

- Esas cosas no son para ti, tan sólo eres una niña, deja las espadas y las luchas para los hombres, tú tienes otras cosas que hacer.

- Pero yo quiero luchar… - mi madre nunca me daba opción a más explicaciones, me cogía de la mano y me llevaba al piso superior de nuestra vivienda.

Allí arriba, encerrada entre los libros y a la luz de las velas me hacía memorizar palabras raras a las que yo no encontraba ningún significado…

Estaba masticando un mendrugo de pan cuando unos ruidos provenientes del exterior rompieron mi concentración en aquel libro. De un salto, me acerqué a la ventana y dirigí mis ojos hacia el horizonte teñido con el color de las llamas.
Aquella visión me paralizó durante unos instantes, tras los cuales grité llamando a mi madre. Ella estaba en la calle, viendo como mi hermano se perdía ya camino del bosque, tuvo el tiempo justo de mirarme antes de caer al suelo fulminada por una flecha.

Asustada, temblando y bañada en lágrimas, cerré con fuerza los ojos y me acurruqué en una esquina de la habitación rogando que aquella imagen fuese tan sólo otra de mis pesadillas. Sin percatarme de ello, unas extrañas palabras brotaron de mis labios:

- Kal Ort Por


Cuando al fin me atreví a abrir los ojos me encontraba en una especie de bosque, los árboles que le daban forma me eran desconocidos, formando un espeso manto que impedía a los rayos del sol atravesarlo. Sentí unas punzadas de dolor en mi mano derecha, al dirigir mi mano hacia allí, me percaté de que en ella sostenía un colgante, regalo de mi madre. Aflojé mis dedos y desentumecí mis músculos agarrotados por el tiempo que había permanecido en aquella postura, no podía calcular exactamente cuanto era, pero, por las quejas de mi estómago, debía haber pasado ya la hora de la cena.

Torpemente, como si mi peso se hubiera triplicado, comencé a andar, siguiendo una dirección al azar, buscando un poco de agua fresca o algún fruto que llevarme a la boca.

Había caminado ya por espacio de unos kilómetros cuando vi a lo lejos, los destellos de una hoguera. Me aproximé a aquella zona lo más sigilosamente que fui capaz para descubrir cual era el origen de aquella llama. Desde una distancia prudencial vi a tres mujeres sentadas alrededor del fuego, bebiendo de unas tazas humeantes.

- Ven Akara, te estábamos esperando. - dijo una de ellas, dirigiéndose hacia el lugar en el que me ocultaba. Era la mayor de las tres, casi una anciana pero con una voz firme y fuerte. Al mirarla fijamente me percaté de que las cuencas de sus ojos estaban vacías.

Asombrada porque aquellas mujeres conocieran mi identidad, me dejé llevar por su voz y me acerqué a ellas.

- Tu madre nos encomendó la tarea de enseñarte a descubrir el poder que se encuentra en tu interior. Toma un poco de té caliente y descansa. Mañana nos espera un largo viaje.

Tal como había anunciado la anciana, el viaje fue duro.
Nuestro destino apareció de repente ante nosotras, como salido de la nada, una torre brillante de marfil blanco se alzaba tan alta que su cúspide acariciaba las nubes.
Allí dentro, junto con otras jóvenes adolescentes, todas superiores a mi en edad fui instruida en las artes mágicas.

Pronto destaqué en conocimientos sobre mis compañeras gracias a los libros que mi madre me obligaba a leer, allí, por fin, descubrí su significado.

No recuerdo cuantos años habían pasado de mi llegada a aquella torre cuando la misma anciana que me encontró me llamó a sus aposentos.

- Akara, ya no podemos enseñarte más aquí, debes continuar tu aprendizaje en otro lugar.

- ¿A dónde debo ir, mi señora?

- Sigue al burro de oro, el destino te mostrará tu futuro.

Aquella misma noche, la víspera de iniciar mi viaje, entendí el significado de sus palabras. En sueños se me aparecía un noble animal, de piel dorada que corría ante mí, atravesado bosques y montañas. Cuando inicié el viaje, tenía grabadas en mi mente las imágenes que acompañaban los pasos del burro.

Noche tras noche, aquel sueño volvía a mi y el burrito me indicaba el camino que debía seguir, hasta una noche en que el animal se paró en seco en un lugar. Entonces supe que aquel era el fin del viaje.

Cuando el sol comenzaba a declinar llegué al lugar indicado. Una figura se hallaba tumbada sobre la hierba, un hombre.
Sigilosamente me aproximé hasta su lado. Algo en él me resultaba familiar… Era…. Era mi hermano.


- ¿Tato?...¿Tato? ¡¡¡¡¡¡Taaaaaatooooooooooo!!!!! -

El tiempo lo había convertido en un hombre, bajo su haraposa camisa se esculpían unos fuertes músculos, curtidos en los años que el destino nos había separado.

- Mmmm.. dejame dormir un ratito más Akara… ¡¡¡¡¡¡¡¡AKARAAA!!!!!!!

Su voz también había cambiado, había perdido el timbre infantil que mis sueños recordaban.

- Akara, debemos ir a Brit en busca de los honorables caballeros SpS, por el camino ya hablaremos de lo que nos ha pasado durante este tiempo.

No recuerdo muy bien lo que ocurrio al entrar en Sosaria, por lo que no puedo describirlo,
pero de repente me encontre en un callejon oscuro, solo, y perdido. Llevaba un
pequeño zurron con un poco de comida y una espada como equipaje.. buscaba a los SpS