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Fausma

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Justin, Eri

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Fausmas
Gran Herrero
Justin.
Honorable Warrior
Eri
El multiusos

Gotas de sudor resbalaban por todo su cuerpo, el calor era insoportable, las chispas volaban con cada golpe de martillo; golpes dados con la intención de crear a partir de una masa informe de hierro. Otra vez bajo el fuego para ablandar y moldear, ahora bajo el agua para enfriar y vuelta a empezar. Tardaría varias horas en conseguir que se pareciese en algo a una media luna. Pero ahí no acabaría todo, seguiría el proceso de limpiado bruñido y afilado, terminando con el engarzado y anidamiento en el mango.

Pasaban las horas, si seria una buena y practica hoz . Cuando acabara tendría que empezar con el desvencijado soporte del cartel de la fonda local, y después con los remaches del puente, arreglar....

Cayó la noche, la luz que emanaba de la fragua no era lo suficientemente intensa para continuar. Hora de cena y descanso, fin de la jornada. Una buena sopa para calentar las entrañas, un buen vaso de vino para tonificar el espíritu y un trozo de queso para recuperar las fuerzas; pero antes un tonificante y refrescante baño en las aguas del cercano río para quitarse el olor de carbón y humo y desprenderse del hollín que reinaba en la atmósfera del recinto. Un pequeño paseo hasta llegar al río.

La noche era cálida ya, como correspondía a los últimos días de primavera, los sonidos de la noche le envolvían con su canto en su viaje a la cristalina corriente, la paz reinaba en el ambiente. Dos figuras inmóviles , reguardase en la linde del bosque, observaban su paso.

Tras el aseo, el camino de vuelta. Entonces las dos figuras emergieron de la penumbra y se dirigieron su encuentro.

-¡Alto!- le ordenaron.
Sus ojos distinguieron entonces a los dos soldados y a sus escudos , que mostraban la heráldica del señor de esas tierras. No le gustaban las gentes de armas, no confiaba en ellas, pero como habitantes del lugar les atendió con cortesía.
- Buenas noches señores , ¿en que puedo ayudarles?.
Dos hojas se desenvainaron y fueronle ofrecidas. - Adecéntalas, su filo se ha desvanecido tras la ultima misión, en la ultima villa tuvieron trabajo -. Bramó uno de ellos.
No tenia ninguna simpatía por ellos, sabia que eran causa de problemas mas que de soluciones. - Mañana a primera hora me pondré a ello -.
-¡Ahora!- le espeto el segundo .
No había manera de escaparse de su exigencia. Tomo sus espadas y se dirigió de nuevo al cobertizo. Alimento el fuego, asió el fuelle y empezó el trabajo encomendado. Hoy no descansaría.

Termino bien entrada la mañana, cuando ya las hojas reparadas se enfriaron se dirigió al centro del pueblo, para entregar un trabajo bien hecho del cual no seria remunerado. Al cinto colgó la hoz, terminada también mientras esperaba el total enfriamiento de las espadas..
En la plaza reunidos los lugareños, realizaban los pagos requeridos por el señor y exigidos por esos dos brutos sin modales ni sentimientos, medio ebrios del vino, que no pagarían, consumido en la fonda. Pero había algo distinto en la escena que sus ojos captaban. Había dos mujeres y tres niños apartados a la derecha del resto de ciudadanos. Un pesimismo muy acentuado hizo presa en el mientras se acercaba a los dos sicarios para darles sus armas.

- Tomen ustedes, espero sea de sus grado el arreglo.
- Por fin. Ya era hora maldito patán; has tardado demasiado para el resultado obtenido. Y por cierto, danos veinte monedas de oro, es tu cuota.
Mientras satisfacía la exigencia, el otro bruto, empuño la espada y se dirigió al pequeño grupo apartado del resto.
- Ahora veréis lo que pasa si no rendís la pleitesía exigida por vuestro señor - dijo dirigiendo a la concurrida plaza.
Descargo un golpe sobre la mas anciana de las mujeres, que con el pecho abierto cayo inerte. Una mancha carmesí se expida desde su fallecido cuerpo.
Una explosión se produjo en su mente al ver el impune acto criminal cometido. Su mano aferro la hoz . Su brazo describió un perfecto arco , degollando al infame asesino. Su compinche intento levantarse, con la espada ya en la mano, pero se encontró con la hoz, esta vez firmemente introducida en su nuca.
Solo quedaba dejar su hogar, huir lo mas rápidamente posible.

Tres meses mas tarde, con un aspecto deplorable llegaba a una ciudad. Se recostó en una pared a descansar un instante. Su barba había creído y su pelo se había vuelto cano. Varias veces estuvo a punto de ser hallado, capturado y muerto. Por fin perdieron su pista, no llegarían tan lejos a buscarle.

Los cascos de un caballo resonaron entre las paredes de los edificios. El ruido ceso.
-¿Puedo ayudaros ? , un hombre de aspecto jovial y viva mirada, vestido de verde y negro, con un tocado de asta de ciervo le miraba desde lo alto del equino.- Mi nombre es Kender, bienvenido a Brit.
-Gracias, yo soy Fausmas.

No recuerdo muy bien lo que ocurrio al entrar en Sosaria, por lo que no puedo describirlo,
pero de repente me encontre en un callejon oscuro, solo, y perdido. Llevaba un
pequeño zurron con un poco de comida y una espada como equipaje.. buscaba a los SpS